Esa es la habitación en la que conocí al Hombre del tatuaje una tarde de enero del año pasado. La número trece de aquel hotel rural. Una habitación en la que para mí se encierran recuerdos inolvidables. Por ejemplo, como el de esa ventana a la que nos asomamos aquella misma noche desnudos. Hacía frío y él temblaba a mi lado...
Ayer de madrugada. Vuelvo a fumar. Tiene que ser la última llamada antes de restringir su número de teléfono y bloquear sus correos. No quiero que después del 7 de abril, si no nos vemos, él vuelva a ponerse en contacto conmigo.
Así que fumo y la primera secuencia de gemidos que nacen de mi garganta se aproximan a una agonía. En algún momento lloro. Le digo todo el tiempo desde mi pecho... si mis palabras no existen dejo de creer en ti y en todo y se lo repito y se lo repito una y otra vez. La llamada tiene una duración de unos tres minutos. Y no hay ni una sola palabra humana en ella. Pero después la escucho y siento que es demasiado triste. Entonces cambio de posición y de estado de ánimo y de mentalidad. Si ha de ser lo último que él reciba de mí, quiero otra cosa. No eso. Y cuando marco su número de teléfono estoy boca abajo. Con los pechos sobre la almoda eléctrica y ronroneo pero como si tuviera algo en la boca. Podría estar besándole o chupando su polla. Y es muy muy excitante. Luego en algún momento río. Río como quién sabe que ha encontrado la puerta precisa. Sé que eso es lo que él deseaba. Ese placer gemido en su oído. Lo que vivimos juntos la última vez. Después cuando la escucho, tengo una vivencia. Y no tardo en escribir un mensaje. Este mensaje:
03h38min... Quiero hacer un viaje en el que no haya ni una sola palabra. Acabo de verlo. Podía decirte cualquier cosa que quisiera con la líbido de mi cuerpo y era fantástico... sólo por hacer eso quiero hacer ese viaje, porque no quiero decir ni una sola... ¿sin palabras entonces? Me harías muy feliz si te atreves a saltarte todas las normas establecidas: la cortesía, la necesidad de dar explicaciones... 2 mundos comunicándose en Schi... SILENCIO. Yo lo haré
Y de verás que me parecía maravilloso. La primera vez que nos vimos yo creía que sería así pero él no aguantó la presión. Aunque comenzamos a follar, bueno a follar... es un decir, a intentarlo, y había pasado más de media hora y yo no había dicho ni una sola palabra por mucho que él me lo había pedido. No conozco tu voz, decía. Parecía que sin conocerla su polla iba a permanecer arrugada eternamente. Luego me reí y rompí el silencio pero lo hice por él. No por mí. Yo podría estar esas 24 horas sin abrir la boca más que para otra cosa que darle placer al cuerpo. Besar, lamer, succionar, gemir, comer y reír y llorar.
Y no hubo respuesta. Aunque tampoco contaba con ella. Y la incertidumbre a estas alturas no me acecha. Mi pelo no se cae como en Otoño, y el pesar ya no es pesar. Allá él, me digo. Allá él, porque yo sé que le ofrezco una Experiencia que pocas mujeres le volverán a ofrecer. Ya no quiero conocerle de esa manera. Prefiero desconocerle. No esperar nada, no saber nada, no querer nada de él. Por cierto, ¿alguien sabe si ese ’allá él’ debiera de escribirlo tal vez de otra manera? ¿Cómo sería? ¿Haya, o Halla?